Normalmente os resalto en negrita lo más relevante de cada relato… ¡pero en el parto de Belén es muy dificil decidir con que quedarse! Cada palabra es un ejemplo de conexión consigo misma, de sabiduría para usar los recursos y la información que ha obtenido durante el embarazo, ejemplo de confianza en su cuerpo y en su bebé, de armonizarse con la esencia femenina y de sus predecesoras para tener el encuentro al otro lado de la piel con Maite, su bebé, que llegó entre palabras de amor… no os lo perdáis! Gracias Belén por compartir tu experiencia, ¡muchas felicidades familia!

 

Conocí a Carmen por Instagram porque apenas me enteré que estaba embarazada comencé un trabajo de búsqueda de información, herramientas y recursos para transitar toda la gestación hasta el parto. Debo confesar que al principio me sentí un poco escéptica porque me hacía ruido el término “hipnoparto” pero por otro lado tenía el dato de mi suegra, que dió a luz a mi pareja -su segundo hijo- con ayuda de unos audios con mensajes positivos que le había proporcionado su médico en aquel entonces. Y ella me había contado que le había funcionado, que fue una experiencia maravillosa y que no sintió dolor.

 

Me compré el libro alrededor de la semana 30 de embarazo y guardé el audio en mi móvil para poder escucharlo siempre que quisiese. Lo escuché prácticamente todas las noches hasta el día del parto. El libro superó todas mis expectativas y también las de mi pareja. Nos gustó mucho y registramos muchos recursos y herramientas para cuando llegara el momento del parto. Incluso yo armé mi plan de parto con la ayuda de este libro.

 

 El sábado 12 de junio a las 23 hs, estando yo de 40 semanas justas (mi hija no podía ser más puntual), estaba haciendo una ensalada cuando estornudé y se me salió el tapón mucoso. Había estado teniendo contracciones durante la semana 39 pero muy esporádicas y prácticamente sin dolor, pero a partir de ese momento las contracciones se hicieron un poco más regulares y comenzaban a ser intensas, de manera tolerable todavía.

 

Hablé con mi mamá para contarle y las dos nos pusimos felices! Si bien todavía podían faltar días para que naciera Maite, era evidente que mi cuerpo ya empezaba a manifestar los primeros signos. Mi pareja y yo estábamos solos en casa, pusimos una película y cenamos. Como las contracciones se volvían cada vez más regulares llamamos a mi suegra para que esa noche durmiera en casa por las dudas y se quedara con la perra por si teníamos que ir al hospital. 

 

A eso de la 1 de la mañana nos acostamos pero yo ya no podía dormir. Estaba feliz monitorizando mis contracciones que ya me dolían un poco más pero no me quitaban la sonrisa. No sentía miedo, todo lo contrario: todo lo que estaba ocurriendo era un signo de que mi cuerpo estaba funcionando a la perfección y todo estaba bien. ¡Cómo no pensar positivamente, amar e idolatrar a ese cuerpo que tan bien había acogido a mi bebé hasta ahora y tan bien estaba comenzando este proceso nuevo para mi! 

 

Cuando la aplicación móvil notificó que era momento de ir al hospital me pareció muy pronto. Entonces decidí meterme en la bañera y esperar hasta las 5.30 para despertar a mi pareja e ir a una primera valoración. Así lo hicimos. Al llegar al Hospital Clínico de Granada la matrona de turno me hace un tacto y me dice que estoy de 1 cm y medio. Queda camino por recorrer todavía. Me sugiere que como vivo cerca, no he roto la bolsa y los monitores dan bien, que haga la dilatación en casa. Decido que sí, que es lo mejor: mi ambiente, mi tranquilidad, mi cama, mi bañera y los mimos de mi pareja son necesarios para liberar la oxitocina que necesita mi cuerpo para continuar el trabajo de parto.

 

 Después de pasar 2 horas más en la bañera, a eso de las 11 am despierto a mi pareja y nos ponemos juntos a hacer ejercicios con la pelota. A esta altura las contracciones son intensísimas, pero sé que es un dolor natural, positivo, un indicador de que todo está bien, todo progresa como debe ser. Sé que mi útero (un músculo) está trabajando y haciendo una labor física fuerte por lo que mi pareja además de darme ánimo, ayudarme a moverme con la pelota como nos enseñó la fisioterapeuta y darme besos y mensajes de aliento, me da zumo de naranja, agua y me ofrece comida porque ambos sabemos que mi útero necesita energía. Está haciendo una gran labor. No sentía hambre pero bebía el zumo porque la ingesta de azúcar me hacía bien, igual que cuando subo montañas.
Practico la respiración ascendente y al exhalar digo la “A”, la “E” y la “O”. Me hace bien. Los sonidos acompañan las sensaciones, las acogen y ayudan a transitarlas. Este mecanismo me permite acompasar el trabajo de parto y no vivirlo como algo patológico o insufrible que quiero que se termine.

 

 

 

A las 13 horas del domingo 13 de junio decido ir al hospital de nuevo a que me valoren. Llegamos a urgencias, me ve la matrona y me dice “estás de parto activo! 7 cm y medio”. ¡Me da un subidón tremendo de alegría! Mi cuerpo sabe lo que tiene que hacer y se está portando como un campeón. Duele, sí. Mucho. Pero respiro con lo aprendido: “la mayoría de las mamás reportan que una contracción dura 4 respiraciones” por lo tanto, en la expiración de la segunda respiración, la ola comienza a bajar y pasa. Los siguientes minutos estoy genial. Me siento una diosa empoderada. Estoy tan contenta que abrazo a la matrona y lloro de felicidad. Me pregunta si quiero un parto natural o si quiero pedir anestesia. “Natural”, contesto. “¡Pues lo vas a tener, campeona!” me dice ella mientras me acompaña al paritorio. Me ofrece la bañera. ¡Está desocupada! Otra inyección de felicidad puesto que era algo que yo quería pero no sabía si iba a poder y se pudo. María del Mar es la matrona que me va a acompañar durante el resto del parto.

Me monitoriza y mientras estoy conectada a las correas se rompe la bolsa. Son aguas claras, todo está bien y la frecuencia cardíaca de Maite es excelente. Mi pareja me acompaña todo el tiempo, me acaricia, me besa y me dice que soy una genia. Toda la experiencia es intensísima pero yo no puedo más de la felicidad. Me meto en la bañera, pasan unos 40 minutos entre contracciones o algo así. Mi pareja pregunta si podemos hacer el expulsivo en el agua, María del Mar responde que sí, que por supuesto. Decido que sí y seguimos. Monitorean a Maite y sigue excelente.

 En un momento siento ganas de empujar. Se lo digo a la matrona. Me espera a que pase una contracción y me hace un tacto. “¡Estás en completa! Puja cuando tú lo sientas”. Así lo hago. En 2 o 3 pujos se le empieza a ver el pelito. Me traen un espejo. Mi amor, la estoy sintiendo salir de dentro de mi y es lo más maravilloso que me está pasando en la vida. Dos pujos más y siento el aro de fuego. Tengo un momento de miedo, lo verbalizo porque sé que me hace bien decirlo y María del Mar me responde que no me preocupe que ella me sostendrá el periné. Así lo hace y efectivamente es 1 segundo solamente. Pujo otra vez, sale la cabeza y estoy comodísima. También lo digo en voz alta “¡Estoy muy cómoda ahora, no me duele nada!” 

Con el siguiente pujo sale mi pequeña sirenita al mundo, en el agua calentita y la matrona me dice “¡Coge a tu pequeña!”, la tomo en mis brazos y la llevo a mi pecho mientras le beso la cabecita y le digo: “hola hija, hola mi amor, te quiero, somos un gran equipo, qué bien lo has hecho”. Miro a mi pareja. “¡Somos padres!” le digo. “Te amo”, me contesta él. Lloramos y nos besamos.

 

 Nos dejan un ratito a las dos en la bañera, clampan el cordón y me ayudan a salir. Me suben a la camilla. Expulso la placenta, me inyectan oxitocina para ayudar al útero a contraerse y me revisan. Periné intacto. No necesito puntos. Me siento tan bien. Me siento Rafa Nadal ganando Roland Garrós, me siento una atleta olímpica. Tengo un subidón de energía, euforia y felicidad indescriptible.

  Nos dan un zumo de piña a los dos y las siguientes dos horas nos dejan hacer el piel con piel en la intimidad, los tres juntos.

  Mi parto fue una experiencia alucinante. Maravilloso. Fuerte, intenso, cariñoso, empoderado, respetado. Fue todo lo que había soñado y trabajado para mi y mi bebé durante la gestación. Me desborda la felicidad.

 No tengo palabras para agradecer la atención de todo el personal del Hospital Clínico de Granada que nos atendió. Nos trataron de maravilla, nos hicieron sentir escuchados, respetados e informados todo el tiempo. Nos cuidaron. De alguna manera, Carmen, tú también estuviste ahí, en cada recurso que utilicé de tu libro. Fuimos, todos, un gran equipo.

 

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Recuerdo gritar muy fuerte “vieneeee” y empujar, y sentir como mi pequeña asomaba y se metía. En el siguiente pujo, mi pareja me dijo que la veía, que tocase su cabeza, y sentí su pelo. Al siguiente, la cabeza empezaba a salir, y al siguiente, su cabeza salió. Realmente fue la experiencia más impresionante de mi vida.

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Natalia

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Y por fin ahí estábamos las dos disfrutando ese intercambio de miradas. Se enganchó al pecho a los pocos minutos. Yo no tuve ningún tipo de desgarro y me encontraba fenomenal, más empoderada que nunca y con ganas de gritarle al mundo y en especial a las mujeres que somos pura magia.

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Lorena Cañón

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Sin duda, ha sido la experiencia más empoderadora, salvaje e intensa que he vivido nunca. El curso es maravilloso y realmente me ayudó a estar preparada para ese día. A quitar miedos y a estar preparada para cualquier escenario. Sin las clases, no se como lo habría llevado.

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Miriam

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Había sido capaz de tener el parto de mis sueños y aprender de mi cuerpo lo increíblemente poderoso que es. Un cuerpo de diosa, que engendra y trae vida de la forma más increíble posible.

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Ana León

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