¿Quién dijo que un parto inducido no puede ser la experiencia salvaje, animal e instintiva que deseas? Os presento a Ana, Dani y a su pequeño Adrián. Una familia maravillosa. Tuve el placer de conocerlos en persona, en su casa y hacer el curso de hipnoparto en Madrid con ellos de manera personalizada. Fue un curso muy especial para mí, el primero que hice tras el nacimiento de Arlet. Quizá por eso me emocionó ver a unos padres tan unidos y dispuestos a hacer todo lo que estaba en su mano para disfrutar al máximo de su embarazo y parto. Hacía solo unos meses yo misma había estado en esa situación.

Ana preparó su parto estando muy informada y eligiendo cuidadosamente dónde y con quién iba a dar a luz para facilitar el parto que quería vivir. Hoy doy voz a esta maravillosa historia llena de inspiración y aprendizaje. Un recordatorio de lo importante que es el entorno y contar con un buen acompañamiento en TODOS los escenarios.

Gracias Ana y Dani por elegirme para vuestra preparación. Fue un placer poder compartir con vosotros el hipnoparto y muero de ganas de conocer a Adrián.

Os dejo con las palabras de Ana:

Para contar mi parto no puedo obviar lo que anteriormente viví, la espera de ese momento. Porque para mí fue todo.

En noviembre de 2018 recibí la noticia de que en mi interior estaba cobrándose una vida, fue indescriptible. Me costó inicialmente creerlo porque meses atrás había vivido un aborto espontáneo y tu mente, cuando ha vivido dolor ante una situación similar, intenta protegerte con la incredulidad de la nueva noticia. Aunque no sea demasiado útil después. Pero no tardé en creer que en no demasiado tiempo sería madre.

En ese momento decidí que deseaba traer al mundo una vida de la forma más consciente posible. Quería vivir mi embarazo, el parto y el resto de la maternidad lo más presente que lo mente y cuerpo me permitiesen. Sentía ese deseo, ese instinto, esa necesidad.

Comencé a leer libros, interesarme por todo lo que estaba viviendo mi cuerpo porque deseaba estar informada y de ese modo, poder tomar las mejores decisiones posibles.

Desde pequeña siempre sentí que cuando fuese madre, mi parto sería sin epidural. Una parte de mí, aún siendo una niña pequeña deseaba sentir la llegada de su bebé ¿Por qué? Era algo innato. No aprendido. No condicionado por nadie ni por nada.

Comencé a buscar la forma de poder llevar a cabo ese deseo. Sabía que en la gran mayoría de hospitales aún pudiendo no utilizar la epidural, no sería un parto de mamá leona y su cachorro. Sabía que las luces, el frío de las habitaciones, los cables, etc… Podrían bloquear mi proceso. Y todo lo que además iba leyendo, confirmaba mis sospechas.

En esa búsqueda llegué al equipo One to one. Cuando vi por primera vez la habitación en imágenes, sabía perfectamente que era lo que yo necesitaba.
Yo además soy muy de agua. Me calma, me relaja, me conecta y a la vez me desconecta y sabía que ahí sería la mejor bienvenida para mí hijo, Adrián.

Nos acercábamos a mí FPP y Adrián estaba muy a gustito. No decidió salir por si mismo. Me planificaron inducción. Todo estaba bien, salvo que llegábamos a la semana 42 y como todo iba bien se organizó para la semana 41+5. En otros hospitales me hablaron de 41+3.
Ingresé con miedos. No era lo que había planificado en absoluto. Yo, que había leído muchos libros, tenía toda la información, había hecho el curso de hipnoparto presencial con Carmen Moreno, que además estaba muy conectadita con mi bebé… ¡Iba a tener un parto inducido!

Reconozco que hice de todo antes: comer picante, piña, subir escaleras, fitball… A ver si mi cachorro decidía salir… Pero nada.

Empezamos con propess 24h. Me monitorizaban. Al día siguiente había dilatado solamente 1cm ¡No podía creerlo! Todo el día anterior con contracciones y haciendo de todo… Y ¿Solo un centímetro? Me llamó mi matrona Patri y me dijo que a las 12 bajaríamos a la unidad de parto natural.

Recuerdo que cuando vino a buscarnos me puse a llorar. No quería más inducción, me daba miedo. Quería un parto natural. Quería sentir a mí bebé salir. Pero tenía miedo de que la oxitocina hiciese que no lo soportara.
Me volvió a tranquilizar: Ana, hay muchas cosas que podemos hacer. Estate tranquila.
Al entrar en la habitación todo cambió ¡Olvidé que estaba en un hospital! Las luces casi apagadas, el olor que había, el color morado, mi favorito.
Comenzamos con oxitocina, muy lentamente. Recuerdo que me decía: hay que ver cómo la tolera Adrián.
Y tenía contracciones pero eran tolerables.
Utilicé la pelota y manta eléctrica un largo rato.


3 horas después me examinó. Recuerdo la tristeza que sentí cuando me dijo que estaba de casi 2 centímetros. Mi mente pensaba: ¿De casi dos solamente? ¡Pero si llevo tres horas con la oxitocina! No entendía nada.
Pero de pronto empecé a sentir un dolor enorme en la parte baja del vientre. Pasé de soportar todo perfectamente a sentir mucha intensidad en esa zona.
Todo fue muy rápido. Eran contracciones continuas, una tras otra, sin apenas descanso.
No sabía que eran las olas uterinas ya que pasé de un 5 de intensidad a un 10 en cuestión de un minuto.

Sentía tanta intensidad que directamente me propuso entrar en la bañera.
Fue tocar el agua, super calentita y sentir cierto alivio. Y ahí continuó el trabajo. Una tras otra. La oxitocina (sintética) hacía que todo fuese tremendamente intenso y sin descanso. Llevaba una ola uterina y yo decía Ooohhhhhhh para relajar el suelo pélvico.

Mi marido en todo momento diciéndome: Ana, eres capaz. Recuerdo como me tocaba. Ponía su mano en mi hombro tal y como en el curso de hipnoparto aprendimos.Me decía que lo estaba haciendo muy bien. Me ponía paños de agua fría y me traía vasos de agua. Patri colocaba esencia de lavanda, ponía velas, la luz tenue y me decía y recordaba lo bien que lo estaba haciendo.

 

Pero cada vez me sentía más y más cansada. Y llegó un momento que le dije: sé que puedo pero no quiero sentir tanta intensidad. Y le pedí la epidural. Recuerdo decirle que lo había intentado y que me sentía fuerte pero que era muy intenso.

Ella, sabiendo cómo iba el proceso me dijo, venga, un par de contracciones más y te exploro. Yo sabía que no serían dos, jeje. Ya nos conocíamos. Fueron unas poquitas más. Salí de la bañera y en ese momento mi cuerpo cambió. Al ponerme de pie mi cuerpo, sin yo pensar en nada necesitaba empujar y vaya que si empujó. De ahí fuimos a la cama y cuando me exploró me dijo: pero Ana! Que estás ya de 9. Y todo el deseo de la epidural se marchó.Empecé a sentir una fuerza sobrenatural. Solo quería empujar. No pensaba en nada más que en sentir el cuerpo.


Me retiró oxitocina. Llamó al obstetra Alex para que viniese, todo iba muy rápido.
Y yo empujaba y empujaba. De pie, de cunclillas, sentada en la silla de parto, agarrada a la liana, apoyada en la cama…y con cada empuje chillaba. Pero no era de dolor, era de intensidad del momento y porque cuando chillaba sentía que mis entrañas ayudaban a lo bebé. Pensaba: Adrián eres capaz. Y ahí entré en trance
. Patri le mostraba a mi marido cuando empujaba la cabecita del bebé. Y me ponía un espejo para que le viese. Me pidió que le tocase cuando tuviese contracciones.
Era sobrenatural, animal, extraordinario.

Y llegó Alex, el obstetra, que casi no llega de lo rápido que fue todo! Y me preguntaron que donde quería dar a luz. Me ayudaron a entrar de nuevo en la bañera.
Allí debieron de ser 4 pujos más o menos y justo antes de nacer sentí el aro de fuego. Quemazón intensa pero sabía, porque mi profe de yoga me lo había contado, que una vez sintiese eso, conocería a mi bebé. Y Alex me dijo: venga Ana, empuja fuerte que en el próximo pujo llegará Adrián.

Y vaya que llegó. Yo solo los veía sonreír. A todos. Decirme lo bien que lo había hecho. Que Adrián estaba bien. Y rápidamente lo pusieron en mi pecho. Le taparon con una toalla calentita y mi marido y yo llorábamos al verle tan pequeñito y valiente. Le hablábamos. Nos presentábamos. Le olía. No podía creerlo.

Después salimos del agua para alumbrar la placenta e hicimos casi 3 horas de piel con piel. Fue increíble. Ya ni había dolor. Es más, yo me había transformado. Mi vida se había transformado y mi relación de pareja, porque esa vivencia con mi marido nos ha unido para siempre.


Subimos a la habitación y elegí no dormir, solo quería mirar a mí bebé.

Había sido capaz de tener el parto de mis sueños y aprender de mi cuerpo lo increíblemente poderoso que es. Un cuerpo de diosa, que engendra y trae vida de la forma más increíble posible.

Como veis el hipnoparto no es para un tipo de parto en concreto. Es una preparación que facilita que tengas el mejor parto posible y lo vivas de manera positiva, independientemente de cómo sea tu parto. Te prepara con información (¡Siempre basada en evidencia!), eliminando miedos que nos pueden jugar una mala pasada y equipándote con muchas herramientas para navegar tu parto. Herramientas como respiraciones, relajaciones, visualizaciones, masaje o por ejemplo, herramientas para la toma de decisiones (BRAIN).
Si has llehado hasta aquí porque estás embarazada te invito a que aprendas más sobre cómo el curso de Parto Positivo puede ayudarte a facilitar una experiencia positiva. Tienes opciones para todos los gustos y presupuestos: cursos personalizados presenciales, a distancia, en grupo y curso online de Parto Positivolibro de hipnoparto
Si tienes dudas ponte en contacto conmigo. 
Carmen

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