Laura es de Barcelona, pero vive en Costa Rica, realizó el curso de Parto Positivo semanas antes de dar a luz a Mía, ello le permitió vivir la experiencia de modo positivo y feliz ¡Enhorabuena Laura! Aquí tenéis su testimonio:

Mía, mi luz, mi primogénita, nació el 30 de noviembre a las 15:53 hora costarricense, a mis 38 semanas de embarazo. Es curioso porque algunos días antes me había dado un masaje sacro-craneal para embarazadas y la chica que me lo dió me dijo que Mía estaba completamente lista para llegar al mundo y conocernos. Dos días después ahí estaba ella, en mis brazos. 

Era viernes  y con mi esposo estábamos cenando con amigos puesto que el próximo lunes teníamos la idea de irnos para la capital, a una casita que habíamos alquilado para estar cerca pues vivimos en pueblo cerca de la playa y, contando el tiempo que lleva el ferry para cruzar el estrecho de la península en la que vivimos, el hospital más próximo está a cuatro horas aproximadamente.

 Como contaba, estábamos cenando y me dieron ganas de orinar, en el baño había luz muy tenue y no veía con claridad, pero me pareció que había expulsado el tapón mucoso, incluso sentí algunas pequeñas olas uterinas distintas a las que había sentido en esas últimas semanas. Tranquila, se lo comenté a mi esposo, él me preguntó si me sentía bien y después nos fuimos a casa. 

 De madrugada, me despertó una intensa ola uterina, junto a muchas ganas de ir al baño. Decidí no despertar a mi esposo, estaba relajada y empecé a respirar como había aprendido en el curso online de Hipnoparto. Tenía una Ola cada ocho o diez minutos. Las fui asimilando sentada en la taza del servicio y respirando, al cabo de de una hora y media decidí despertar a mi esposo para ir a la clínica del pueblo a que me revisaran.

Llegamos, estaba de dos centímetros de dilatación  a lo que la doctora me dijo que podría tardar en ponerme en trabajo de parto activo pero que ya podía ir yendo al hospital. Existen algunas lanchas habilitadas para urgencias, que hacen el trayecto del ferry pero en 30 minutos… ambas estaban averiadas a lo que me ofrecieron ir en ambulancia hasta el hospital más cercano, no obstante decidimos relajarnos e ir por nuestros propios medios a la capital puesto que ya teníamos todo semi-organizado.

Desayunamos y fuimos a casa a terminar de hacer las maletas. Mi esposo no sabía si podría venir conmigo, pues tenía que trabajar considerando que aquí las leyes laborales, por paternidad, sólo otorgan el día del parto y según que trabajos un máximo de tres días.

El caso es que después de terminar las maletas empecé a tener contracciones más seguidas y más intensas (cada 3 o 4 minutos) por lo que al cabo de una hora así, volví a la clínica, estaba de tres centímetros de dilatación de manera que el doctor  (distinto al anterior), me dijo que tenían que mandarme al segundo hospital más cercano en ambulancia. Pese a esto queríamos evitar esa opción a causa de que la primera hora es por una calle de tierra sin asfaltar llena de hoyos y baches. En consecuencia le dijimos al médico que si no había modo de irnos en el ferry, un trayecto más corto y tranquilo, a lo que él asintió.

Viajamos en coche treinta minutos hasta dónde salía el ferry, al llegar nos comunicaron que al estar en labor activa de parto no me dejaban abordarlo. Le mostramos la referencia del doctor y todo pero no hubo manera y tampoco nos ofrecieron alternativa, lo que nos obligó a volver a la clínica del pueblo. Allí luego de un nuevo tacto supe que estaba de cuatro centímetros, a lo que me informaron que había que ir en ambulancia al hospital de Nicoya (por el camino “de cabras”). Fuí sin ropa interior, usando un pañal y con una vía intravenosa.

Nunca enseñé mi plan de parto, pero lo tenía tan memorizado que no hizo falta, de todos modos, seguía con mi respiración y mi pelota de Pilates moviéndome con cada ola uterina a mi voluntad sin oxitocina sintética. En éste lugar, solo ponen epidural en hospitales privados no obstante tampoco la quería así que no me preocupé por eso. 

Finalmente llegó el momento de emprender el camino al hospital, mi esposo iba a subirse en la ambulancia pero la doctora y la enfermera le dijeron que al haber un espacio tan reducido era mejor que él fuera en el coche para darles a ellas más movilidad en el caso de que tuvieran que hacer alguna intervención. Les pedí que no me hicieran más tactos, a lo que asintieron pues tampoco querían estimular más.

Inmersa en mi mundo de parto, oía vagamente las conversaciones de la doctora y la enfermera y su invitación a respirar y serenarme. La enfermera no me soltó la mano en todo el camino. La intensidad era tal que me costaba mantener el ritmo sumado al hecho de estar incómoda estirada en la camilla, empero sólo me concentré en respirar y así pasó la parte más difícil.

Inmersa en mi mundo de parto, me concentré en respirar y así paso la parte más difícil 

 Al llegar a la carretera asfaltada estaba completamente dilatada. Qué rápido y qué alegría pensé, llegó el momento, pero aún estábamos a unos quince minutos del centro de atención primaria. Me pidieron si podía esperar al menos a llegar allí, ya que sería más sencillo y menos arriesgado que tener un parto en la ambulancia.Aunque no tantas, sentí ganas de pujar y esos últimos minutos se hicieron eternos.

Después de todo, llegamos. Había una sala ya lista y los doctores estaban esperándonos. Nada más cambiarme de camilla se rompió la bolsa. Mi esposo pudo entrar y estuvo a mi lado agarrándome la mano y dándome aliento todo el tiempo. Puje cada vez que sentí ganas pero advertía que se me escapaba la fuerza, recuerdo haber oído a los doctores decir “vamos a tener que irnos al hospital” lo que suponía cuarenta minutos más de trayecto a lo que mi preocupación era que Mía no sufriera, de modo que les dije: “no por favor, yo puedo hacerlo”. La enfermera que me había acompañado y apoyado todo el camino me dijo: “claro que sí muñeca, tú puedes” y mi marido agregó “yo sé que puedes, solo uno más”En esas palabras alentadoras encontré la fuerza para pujar dos veces más, y ahí salió mi chiquitina, que a los pocos segundos lloró. Nunca olvidaré la cara que tenía al salir ni la emoción abrumadora de sentirla en mi pecho.

les dije: “no por favor, yo puedo hacerlo”.

 Después de limpiarla un poco, pesarla y medirla nos quedamos juntas y de nuevo a la ambulancia para irnos al hospital… Desde ese momento ya no nos separamos más.

Es curioso cómo a pesar de la urgencia y todos los imprevisto o circunstancias especiales que surgieron, en ningún momento me sentí asustada o enojada, todo resultó en una aventura positiva y satisfactoria. Y no es para menos, pues es la historia de cuando conocí al amor de mi vida.

 

 Gracias Carmen por tan maravillosa preparación .

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 Laura preparó su parto con el curso de Parto Positivo. Ahora también disponible online.

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Lo volvería a hacer mil veces, todo fue excelente y no cambiaría ni un segundo, esa era la forma en la que Alma decidió venir a este mundo y fue totalmente espectacular poder ayudarla a encontrar su camino.

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Vanesa Jiménez

Libro de hipnoparto y curso online

Y por fin ahí estábamos las dos disfrutando ese intercambio de miradas. Se enganchó al pecho a los pocos minutos. Yo no tuve ningún tipo de desgarro y me encontraba fenomenal, más empoderada que nunca y con ganas de gritarle al mundo y en especial a las mujeres que somos pura magia.

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Lorena Cañón

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Había sido capaz de tener el parto de mis sueños y aprender de mi cuerpo lo increíblemente poderoso que es. Un cuerpo de diosa, que engendra y trae vida de la forma más increíble posible.

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Ana León

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