El relato de Parto
Mi primer contacto con el hipnoparto fue a través de mi hermana.
Estando sobre la semana 24 de embarazo vino a visitarme. Hasta ese momento, no era capaz ni siquiera de pensar en el parto, me generaba mucho miedo.
Al contárselo a mi hermana, ya madre de dos hijos que nacieron en Reino Unido, me explicó que ella preparó el parto con el libro The Hypnobirthing Book de Katharine Graves.
Además me dijo una frase que me sorprendió: “Sé que esto no se le puede decir a mucha gente pero a mi me gusta parir”. Si venía de mi hermana, seguro que tenía sentido. Devoré el libro con mucha curiosidad en un par de noches.
Después al teclear “Hipnoparto” en Google dí con Carmen Moreno y el libro Hipnoparto, preparación para un Parto Positivo y su proyecto.
Así que compré y leí su libro para asimilarlo con más facilidad al estar escrito en mi lengua materna. A partir de entonces me puse manos a la obra.
Diseñé mis propias afirmaciones inspiradas en las del libro. Me esforcé en que fueran acompañadas de imágenes que me ayudaran a sentirme como decía la afirmación, tal y como recomendaba Carmen. Para algunas utilicé fotos mías y para otras fotos del propio libro.
Pensé en mis anclajes y los preparé para llevarlos al hospital.
Comencé a escuchar el audio de hipnoparto con frecuencia y a repetir las afirmaciones hasta que me las aprendí.
Además completé la preparación con clases de yoga prenatal frecuentes enfocadas a acondicionar el cuerpo y la mente para el nacimiento.
Con todo ello llegó la fecha probable de parto y después los controles más frecuentes en el hospital. En el último, en la semana 40+6 ya me programaron la inducción para la 41+4.
En ese tiempo nos esforzamos en mantener la calma a pesar de los mensajes del entorno “¿Todavía no?”, “¿Ha nacido ya?”.
Para ello realizamos actividades que habíamos planeado para “el tiempo de descuento” que nos ayudaban a mantener la mente tranquila: piscina, teatro, ordenar fotos, etc.
La tarde que cumplía 41 semanas salí a una librería a comprar un libro de humor puesto que había leído que la risa contribuía al bienestar y por tanto a favorecer la secreción de oxitocina. Llegué a casa, cené y empecé a leerlo en la cama.
No podía parar de reírme a carcajadas y a media noche noté “un ruido interior”. Fui al baño y observé que había expulsado el tapón mucoso.
Empecé a notar las primeras olas uterinas de intensidad suave, me fui a otra habitación y me acosté. Pude dormitar durante 3 horas hasta que ya no podía estar tumbada.
Tenía ganas de ir al baño todo el tiempo y pasé allí un buen rato. Recordaba que había leído que es una reacción habitual querer estar allí puesto que es un lugar de intimidad cotidiano.
En ese momento mi pareja se despertó dispuesto a tomárnoslo con calma, practicar las respiraciones, sentarme en el fitball, repetir las afirmaciones.
Pero no me apetecía hacer nada de eso, incluso fui un poco arisca con él y le dije “¡No me toques!”.
Sólo quería buscar la postura más cómoda que era reclinada hacia delante apoyando las manos sobre una superficie. Sabía que estaba en el “planeta parto”.
Unas 3 horas más tarde probamos a cronometrar las contracciones y nos dimos cuenta que tenía una cada minuto. En ese momento decidimos ir al hospital, ya un poco apresurados pero serenos.
Por un lado me estaba dejando llevar por las sensaciones de mi cuerpo y por otro mi mente estaba muy centrada, recordando lo que teníamos que llevar al hospital y pidiendo en todo momento lo que necesitaba.
Llegamos al hospital 6 horas después de la expulsión del tapón mucoso. Al llegar me exploró una matrona y me dijo: “Estás en dilatación completa ya no puedes ponerte la epidural, sé que ahora piensas que es mala suerte pero en realidad es muy buena suerte”.
Le contesté “Yo sé que esto es buena suerte y además me he preparado mucho para que sucediera así”. Recordé el testimonio del libro de la página 57, era el que había deseado para mi.
En ese momento, a pesar de todo, estaba un poco asustada por lo que vendría en los siguientes minutos.
Le dije a la matrona que sentía que necesitaba que me apoyaran pero se me cortaban las palabras, me dijo que era la señal de empujar y así lo sentía.
Me pasaron a otra sala, donde se encontraba un matrón y tres acompañantes más (dos personas en formación y una auxiliar) que me acompañarían en la siguiente media hora.
Les pedí que me trataran con cariño y me dieran ánimos. El matrón dijo que eso estaba hecho.
Me preguntó si me podía llamar Isa en lugar de Isabel, le dije que sí (así es como me llaman mis amigos). Me dejé llevar por lo que él me decía.
Me pidió que me tumbara de lado con una pierna hacia arriba que me ayudó a sujetar mi pareja que estaba todo el tiempo a mi lado.
Me agarré a una barandilla y empujaba fuerte con cada contracción. Recuerdo muy bien la anteúltima contracción, una sensación de gran alivio y satisfacción.
Segundos después nació Carla y me la pusieron encima. Me sorprendió ver lo preciosa que era y que había nacido sin llorar, estaba tranquila, con los ojos abiertos, sobre mi pecho. Nos abrazamos los tres.
Sentía que no había podido regalarle una mejor forma de llegar al mundo.
Yo también me sentía de maravilla, llena de poder.
La experiencia en el postparto
Después del nacimiento, vinieron emociones tristes, los pensamientos intrusivos, la frustración por lactancia y la ira. La idea de «¿Por qué nadie me avisó de esto?».
Algunos días se me hacían pesados en ese tsunami de emociones y echaba de menos una herramienta como el hipnoparto pero para mi situación vital actual.
Recordaba que Carmen había escrito una «segunda parte» así que compré el libro de Postparto en Positivo.
De nuevo, como me pasó con el primer libro, conecté desde el principio. Más que con el primero. Me resultó de gran alivio la primera parte.
Comprender que lo que estaba sintiendo es «normal» me alivió muchísimo. Aunque ya lo he leído, aún estoy en fase de digerirlo y crear mis afirmaciones, pero ya me ha hecho mucho bien.
Doy las gracias a Carmen y Parto Positivo por haber plasmado por escrito toda esta información.
Para mí, que tengo «mente científica» ha sido de muchísima utilidad. Y además con «el plus» de síntesis y belleza, los colores, la tipografía y las ilustraciones son preciosas.
Me quedo con ganas de más.

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