Todas somos únicas y diferentes así como nuestros bebés. El parto de Yedra rompió con todas sus expectativas y se desencadenó mucho más despacio de lo esperado. Yedra vivió un parto respetado, informado, consciente  y positivo en el que fue dueña de su parto en todo momento. El relato de Yedra relato nos muestra también la fuerza del instinto maternal y de escuchar a esa parte instintiva que a veces olvidamos. En el caso de Yedra y su pequeña Luz, un cambio de planes se convierte en el mejor de todos los planes. 
Yedra preparó su parto con el curso de Parto Positivo en el que encontrarás información basada en evidencia, trabajaremos en eliminar miedos y crear una caja de herramientas imaginaria para navegar tu parto, independientemente de cómo se desarrolle.
No os perdáis el relato de Yedra, es emocionante:
Te escribo para contarte mi parto. Preparé el parto con tu curso de hipnoparto y leí un montón sobre el parto respetado, el dolor en el parto y el parto natural durante el embarazo y elaboré un plan de parto acorde en el que pedía que no me rompieran la bolsa ni que me pusieran oxitocina y donde decía que no quería analgesia epidural. Mi cuerpo, mi destino y mi hija tenían otros planes para mí.
Luz es una niña llena de calma que vive a pocas revoluciones y así es como empezó a desencadenarse mi proceso de parto: a pocas revoluciones. En la semana 36 empecé con contracciones por la noche, las tenía dolorosas, me duraban un rato, alrededor de una hora y se me paraban. En la semana 37 había borrado el 50% del cuello del útero y mi gine me decía que mi parto era inminente, en la 38 expulsé el tapón mucoso y estaba deseando que llegara el momento del parto. Escuchaba todos los días el audio de hipnoparto y hacía visualizaciones con flores de magnolio, porque tengo uno en el jardín. Estaba muy tranquila y deseaba que alguna de las noches las contracciones no se me pararan y tuviera que salir para el hospital, pero todas las noches igual, las contracciones venían y se iban. Así llegué hasta la semana 40 y la pasé. En esa semana me programaron 2 visitas a monitores, pasé el fin de semana con molestias, pero nada que no pudiera llevar bien. El domingo tuve un sueño raro durante toda la noche: estaba atrapada en una pradera llena de agua embarrada de la que no podía salir y al final unas manos grandes me agarraban y me sacaban. Me desperté con una sensación rara. De camino al hospital iba con contracciones, molestas pero que no me dolían en exceso.
Cuando llegamos a monitores tenía contracciones cada 7 minutos. En la consulta me preguntaron si quería hacerme una exploración y les dije que sí, ya estaba dilatada de 3,5 cm. Había elegido parir en un hospital a una hora y pico de casa así que la gine me ofreció ir a darme un paseo o quedarme ingresada y estar en la habitación con la pelota y a mi aire. Me dijo que si se me paraba el parto me podría ir a casa, pero que con la dinámica que llevaba ya no se pararía. Mi pareja y yo decidimos quedarnos. Eran las 11:00 de la mañana. Ingresamos y la matrona me dijo que me pondría monitores cada determinadas horas y que a última hora de la tarde me exploraría a ver cómo iba. Me puse cómoda, pedí una pelota de pilates y me relajé en la habitación, incluso pude ponerme el audio de hipnoparto varias veces. Me dieron de comer, mi pareja descansaba a ratos y yo también. Las contracciones aumentaban de intensidad pero en ningún momento yo sentía un dolor insoportable, si acaso molestias, lo que sí mostraba el monitor es que a mi niña se le subían las pulsaciones bastante con mis contracciones. A las 19:30 de la tarde me hicieron un tacto y seguía igual que por la mañana, solo que ahora las contracciones eran cada 3-4 minutos, intensas (el monitor marcaba 120-140) pero mi dilatación seguía igual y las pulsaciones de la niña se subían a 170/180 con mis contracciones. La matrona llamó a la gine de guardia que vino a verme. Me dijo que ya estaba de parto, pero que parecía que la cosa estaba un poco parada, que sabía que no quería romper la bolsa ni ponerme oxitocina, pero que parecía que mi niña quería que la echáramos una mano.
Mi pareja y yo lo pensamos un poco y decidimos romper la bolsa porque pensamos que así la peque bajaría más y con la dinámica de contracciones que ya tenía podría seguir con mi plan, sin necesidad de oxitocina ni de epidural. Cuando rompimos la bolsa, el líquido estaba teñido, Luz se había hecho caca dentro del útero. Me explicaron que me tenían que monitorizar todo el rato y que me tenía que poner oxitocina porque ahora sí, había que acelerar el parto. La matrona solo me decía “jo, lo siento”. En ese momento, para mí fue más difícil aceptar que tenía que cambiar de plan, y que ya no iba a poder tener “mi parto soñado”. Por suerte, rápido me di cuenta de que lo importante era que en unas horas tendría a mi niña en mis brazos y vi el vínculo con mi sueño de la noche anterior: mi hija estaba entre agua embarrada y había que ayudarla a salir. Con la respiración aguanté las contracciones de la oxitocina durante 4-5 horas, pero es increíble porque me daban de la mitad de intensidad que las mías y a duras penas podía sobrellevarlas. Me temblaba el cuerpo entero y me agotaban. A las 12:00 de la noche decidí ponerme la epidural. Como el universo siempre encuentra la forma de dejarnos vivir lo que queremos, solo me hizo efecto en la mitad del cuerpo. El lado derecho me lo dejó intacto así que pude seguir sintiendo las contracciones. Me ayudó a relajarme y pude seguir haciendo las respiraciones. Dilaté a completa bastante rápido y el expulsivo fue muy bueno gracias a que podía sentir las contracciones en el lado derecho del cuerpo para respirar. Luz nació a las 6:15 de la mañana del día 2 de julio y me enseñó su primera lección: a veces cambiar de plan es el mejor plan y no se tiene el parto que se quiere sino el que se necesita para evolucionar.
Me alegro de haber tomado la decisión de romper la bolsa a pesar de que no era lo que yo quería. Algo en ese momento me hizo sentir que era lo correcto y que nos ayudaría en el proceso. Y la experiencia de parto fue positiva, al final un parto respetado es ese en el que te preguntan y te piden permiso, te explican y te escuchan. Y a mí me preguntaron y me trataron con empatía en todo momento. Llevamos un mes de felicidad plena, con Luz pegada a la teta y casi sin encender la televisión.
¡Bienvenida al mundo Luz y gracias Yedra por compartir tu experiencia!

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