Hay relatos de parto que nos recuerdan, con una claridad casi visceral, la fuerza que todas llevamos dentro cuando podemos entregarnos al proceso desde la calma, la información y la confianza. El parto de Andrea es uno de ellos.
Ella se preparó con el curso de preparación al parto con Hipnoparto y con el libro de Parto Positivo, y en su historia se siente esa combinación tan poderosa entre herramientas prácticas, conexión con el cuerpo y un acompañamiento que sostiene sin intervenir.
Este es el relato de un parto vivido en casa, en intimidad, en movimiento, escuchando su instinto más primitivo y permitiendo que su cuerpo marcara el ritmo. Un parto que habla de presencia, de entrega y de cómo, cuando la mente racional se apaga, puede emerger esa sabiduría profunda que tantas veces olvidamos que tenemos.
Te dejo con su experiencia, contada en primera persona y con una sensibilidad preciosa. Es un regalo leerla:
«Rompí aguas a las 2:20 AM abrazada a mi pareja en la cama. Nos habían comentado que el parto podía iniciarse varias horas más tarde, por lo que mi pareja se fue a duchar y yo intenté volver a dormir; pero como seguía perdiendo aguas me sentía incómoda y me fui a duchar con él. El agua caliente aceleró el proceso y cuando salí de la ducha me empezaron a venir contracciones. Junto con las contracciones defecaba sin parar. Algo me decía que tenía que mantenerme activa.
Luego me fui a la habitación donde había planeado parir y me puse a cuatro patas sobre una esterilla. Mi pareja me puso música y comencé a moverme al ritmo de la melodía. Recuerdo aquél momento como un momento muy cómodo y fluido.
Respiraba largo y profundo, tal y como me enseñaron en el curso de Parto Positivo. La postura de yoga del “gato-vaca”, en concreto la de “la vaca” me relajaba el abdomen y la intensidad de la contracción desaparecía completamente. A la que me volvía a mover, volvía la intensidad y la volvía a calmar relajando el abdomen.
Estaba tan abducida por el proceso que no contaba ni las contracciones ni su duración. Mi pareja igual, que además de tratar de adivinar qué era lo que necesitaba, iba detrás mío limpiando todo lo que podía.
Mi cerebro racional ya se había desconectado y sólo funcionaba el primitivo, mi parte más mamífera. Entonces tuve ganas de cambiar de lugar y le pedí a mi pareja que llenara la bañera de casa. Me metí en el agua caliente en posición incorporada y al poco rato comencé a tener ganas de empujar. Tras unos pocos pujos, puse la mano en mi vagina y noté que se estaba abriendo, tenía la sensación de mucha tirantez. Con cada pujo salía por mi boca un potente “sí”.
Recuerdo los dos pujos finales donde salió la cabeza de mi bebé y en el siguiente todo su cuerpo, de golpe y rápido. Las comadronas aun no habían llegado y fue mi pareja que estaba detrás mío que cogió al bebé. Entonces me lo pasó por debajo de las piernas y yo lo abracé. Recuerdo decir, vamos a la cama con toallas secas y al salir de la bañera mucha sangre que se derramó entre mis piernas.

En la cama me tumbé y exhausta me lo puse encima del vientre. Mi pareja estaba ahí sonriéndome. Entonces llegó la comadrona y nos dijo que el bebé estaba muy bien. A los pocos minutos volví a tener ganas de empujar y expulsé la placenta.
La comadrona dejó que mi pareja pinzara el cordón umbilical después de un rato cuando ya estaba blanco. Nil ya estaba ahí, nació el 1 de Marzo a las 6:45 con 4 quilos de peso, rosadito, los ojos bien abiertos y 56 cm de talla. Una bendición de parto y de bienvenida para nuestro hijo querido.»
El relato de Andrea nos recuerda que cuando una mujer se siente acompañada, informada y respetada, su fuerza se despliega de una manera casi indescriptible. Ojalá su experiencia te inspire a fortalecer esa confianza en tu cuerpo, en tu intuición y en la forma en que tú deseas vivir tu parto.
Si aún no eres alumna y sientes que te gustaría prepararte con herramientas prácticas, claras y que realmente te sostengan, nuestro curso de preparación al parto con Hipnoparto puede acompañarte igual que acompañó a Andrea.

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