Os comparto el relato del parto positivo de Paloma en el que según sus palabras, descubrió “Su mejor yo”, Paloma es alumna del Curso de Hipnoparto Online y comparte con nosotros un relato de parto en el agua lleno de conexión. Muchas felicidades!

Cuando me quedé embaraza y empecé a investigar cada vez tenía más claro cómo quería que fuera mi parto. Quería tratar de tener un buen recuerdo del día mas importante de mi vida. Vivirlo de la manera más natural y consciente posible y por supuesto acompañada de mi marido (J), era esencial. Por esto empezamos a formarnos.

Descubrimos el hipnoparto y empezamos a valorar las opciones para dar a luz.  Conocimos a Ana, las instalaciones del hospital y por su puesto las salas de parto natural. Cuando salimos yo ya no imaginaba otra forma de traer al mundo a mi hija ni otras manos. Y así fue. 

Conocí mi mejor versión un sábado por la noche gracias a mi hija, G. 

Cinco días antes decidió que ya era hora de salir, que a ella lo de la FPP le daba igual. Las estadísticas están para romperlas y que su mamá, primeriza, no tenía por qué esperar a la tan consagrada semana 40. El jueves empezó a dar señales. De madrugada me encontré con fisura de bolsa, la cual nos confirmaron en el hospital el viernes por la mañana pero aún era pronto. Apenas estaba dilatada de 1 cm y el cuello sin borrar asique volvimos a casa. Ultimamos detalles, preparamos algo de comer, ducha, siesta y estábamos preparados para volver al hospital. Debíamos volver esa misma tarde ya que había que poner antibiótico antes de que se cumplieran 18 horas de la fisura.

Estaba tranquila. Sabía que estaba preparada, estábamos preparados. Nos habíamos formado mucho, conocía a la perfección el proceso que me quedaba por delante y confiaba plenamente en mi cuerpo

Cuando llegamos, Marina nos confirmó en monitores que todo estaba bastante relajado asique nos acompañó a planta y a las 20:00 h ingresé. Viendo que todo iba con calma, a las 00:00 me ofrecieron poner un propess pero decidí esperar. Quería ver si mi cuerpo empezaba el parto por si solo aunque G parece que había decidido que la prisa no era necesaria en nuestro proceso. Pasé la noche muy tranquila. Las contracciones venían muy espaciadas y suaves, incluso pude descansar gran parte del tiempo, pero las horas pasaban y G ya había fisurado la bolsa hacía más de 24 horas. A las 08:00 del sábado decidimos que era hora de ayudar un poco y me pusieron el propess. Solo hicieron falta un par de horas para que todo comenzara. Las contracciones empezaron a intensificarse y el tiempo entre ellas se iba acortando. De esas horas mi recuerdo nítido son las respiraciones.

Para mi fueron mi gran arma. Llevar el conteo en cada una de ellas… imaginar la subida como una montaña rusa y al llegar arriba… comenzar a contar de nuevo, esta vez en bajada, ya quedaba poco para que terminara… Relajar la mente y el cuerpo y…  preparada para recibir la siguiente. 

Así pasaba las horas, no quise ni comer, no tenía apetito.  Mi cuerpo solo estaba centrado en una cosa y yo no veía el momento de bajar a la habitación de parto. Estaba convencida de que el agua caliente me ayudaría a sobrellevar la intensidad de las contracciones y no hacía más que implorarle a mi ginecóloga (Ana) que me bajara a la habitación.

 Durante el embarazo había repasado mil veces los recursos que iba a tener a mi alcance; música, aromaterapia, fitball, lianas… pero yo solo podía pensar en la bañera. Se me hizo algo intenso el camino hasta llegar a los 4 cm pero al fin a las 16:30h Ana nos confirmó lo que llevaba horas esperando oir… ¡el parto había comenzado! Ahora sí que si era cuestión de horas el conocer a G. Parecía que no iba a llegar nunca…

A las 18:00h por fin estábamos en la habitación. Tras una visita breve al servicio (estaba convencida de que quería evacuar) me metí en el agua. Aun recuerdo la sensación tan agradable del agua caliente y lo liviana que me sentí. Me acomodé de rodillas contra el borde de la bañera casi sin quererlo y así continuaron las contracciones. Con la frente apoyada en el borde sobre una toalla y con los ojos cerrados continuaba respirando y contando. Apenas levantaba la cabeza para besar a J o para aspirar del óxido nitroso. Intenté ayudarme con él en cada contracción pero tenía la sensación de que no sabía respirarlo bien y acabé frustrándome y abandonando la boquilla. Tengo grabado en la mente el sonido silbante que hacía la bombona al aspirar combinado con el latido del monitor. 

Durante ese rato tuve una visualización bastante recurrente: un camino recto, estaba en medio y no hacía mas que repetirme mentalmente “Ya solo se puede avanzar”, “Cada vez es mas corto”… A pesar de que estaba en “mi planeta parto” recuerdo las palabras de aliento tanto de Ana y de Jael (mi matrona) como de J. 

El tiempo pasaba y yo aunque cada vez me sentía más cansada estaba tranquila. Sabía que el equipo estaba ahí controlando que todo fuera bien y me sentía segura, en calma. Esa sensación de paz mental y de conocimiento me ayudó a dejarme llevar y abandonarme a las peticiones de mi cuerpo.

Hubo un momento que comencé a sentir náuseas… J me recordó que era normal, lo habíamos aprendido en el curso, significaba algo bueno y era la transición, ya quedaba poco. Cuando me quise dar cuenta, de repente sentí ganas de empujar. 

Era como si mi cuerpo fuera por libre: “Voy a empujar contigo o sin ti, amiga” Y sin ser consciente mis respiraciones cambiaron. 

Empecé a emitir sonidos y gemidos, tenía la sensación de que estaba armando una escándalo tremendo pero no podía evitarlo. Sentía que no podía más, eso lo recuerdo perfectamente. Notaba como G avanzaba y se retraía un poquito en cada pujo y yo me encontraba tremendamente cansada. Pero a la vez me sorprendía a mi misma de hasta dónde había llegado y de lo que mi cuerpo estaba consiguiendo. Estaba viviendo el parto que había imaginado y tenía que disfrutarlo. Después de 24 horas sin comer y enlazando contracciones no sé de dónde pero saqué fuerzas y tras varios pujos comencé a sentir el aro de fuego, la sensación de ardor era real. Jael me advirtió “Ya va a salir la cabecita, un empujón mas!” Ana me indicó a qué parte de mi periné debía “enfocar” el pujo para ayudar a evitar el desgarro y en eso me mantuve concentrada. Cuando asomó su cabeza fue la primera sensación de alivio real que tuve en las horas que llevaba allí, ya solo quedaba el cuerpo. Estaba convencida de que me sería mucho más fácil, quería ver a G ya y renové fuerzas para empujar. Como si nada con los siguientes dos pujos ocurrió; G cayó y recogida por Ana, apareció entre J y yo como un regalo. 

A pesar de llevar algo mas de 3 horas de parto arrodillada, inconscientemente me incorporé con ella contra mi pecho y me recosté en la bañera sollozando. Entonces todo había merecido la pena

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Recuerdo gritar muy fuerte “vieneeee” y empujar, y sentir como mi pequeña asomaba y se metía. En el siguiente pujo, mi pareja me dijo que la veía, que tocase su cabeza, y sentí su pelo. Al siguiente, la cabeza empezaba a salir, y al siguiente, su cabeza salió. Realmente fue la experiencia más impresionante de mi vida.

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Natalia

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Y por fin ahí estábamos las dos disfrutando ese intercambio de miradas. Se enganchó al pecho a los pocos minutos. Yo no tuve ningún tipo de desgarro y me encontraba fenomenal, más empoderada que nunca y con ganas de gritarle al mundo y en especial a las mujeres que somos pura magia. Lee su testimonio que incluye video del parto
Lorena Cañón

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Sin duda, ha sido la experiencia más empoderadora, salvaje e intensa que he vivido nunca. El curso es maravilloso y realmente me ayudó a estar preparada para ese día. A quitar miedos y a estar preparada para cualquier escenario. Sin las clases, no se como lo habría llevado.

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Miriam

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Había sido capaz de tener el parto de mis sueños y aprender de mi cuerpo lo increíblemente poderoso que es. Un cuerpo de diosa, que engendra y trae vida de la forma más increíble posible. Lee su testimonio aquí. 
Ana León

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