Beatriz preparó su parto con el curso online de Parto Positivo y hoy comparte con nosotr@s su experiencia. Un parto que aunque se alejó de su parto soñado fue un parto positivo. Ella lo titula “MI PARTO PERFECTAMENTE IMPERFECTO”.

Siempre insisto en que la preparación con hipnoparto no es solo para el parto natural, sino para todos los partos (o al menos el curso de Parto Positivo lo es). Porque por mucho que nos preparemos nada puede garantizar tener un tipo de parto. Sin embargo, estar informada, empoderada y contar con herramientas de relajación, respiración, toma de decisiones, etc. Es algo que nos ayuda en TODOS los escenarios y que va a facilitar tener una vivencia POSITIVA. La información es poder.

Os dejo con el relato de Beatriz:

Hace casi 12 semanas, tuve la experiencia más transformadora de mi vida. Mirando atrás estoy convencida de que lo mejor que pude hacer en mi embarazo, además de cuidarme y disfrutarlo al máximo (pienso que es una etapa maravillosa), fue hacer el curso de Parto positivo y clases de yoga para embarazadas mientras me fue posible. Me ayudaron a crear un vínculo increíble con mi pequeña y, sobre todo a ACEPTAR la realidad, a aceptar que a menudo nos creamos expectativas de un parto que consideramos el ideal y es muy fácil caer en frustración si la realidad es muy diferente.

Desde el principio de mi embarazo tuve que hacer ese ejercicio, puesto que como muchas de nosotras en el fondo soñaba con un parto natural, en movimiento, sin apenas medicalización, en fin, todo el pack. Durante la mitad del segundo trimestre tuve que dejar el yoga y hacer reposo por un sangrado y hasta las últimas semanas la posibilidad de cesárea estaba ahí por placenta previa. Por ello, decidí ir aceptando todo según fuese viniendo y, aunque me informé y tenía pensado hacer un plan de parto, en mi caso que estaba todo en el aire, pensé que podía ser contraproducente al cerrar un poco mi abanico. Abrí completamente la mente a cualquier posibilidad y disfruté del camino todo lo posible. Finalmente, mi placenta subió y podía intentar un parto vaginal, así que ese era “el plan”. Sin embargo, una vez más, tuve que aceptar y fluir. En la semana 40+2, en monitores, mi bebé hizo una taquicardia sostenida por más de 40 minutos y mi ginecólogo y la matrona me aconsejaron inducción. En ningún momento me sentí presionada, lo hablamos y pensé que era la mejor opción.

Me ingresaron esa tarde y comenzaron aplicándome prostaglandinas para madurar el cuello del útero. Durante esa tarde y noche estuve moviéndome según me pedía el cuerpo, en la pelota, bailando… Solos yo y mi pareja. Tenía una playlist que al final no funcionó, así que improvisamos 😂 Esa noche me hicieron tacto y apenas tenía 1 cm de dilatación y mi nena no estaba encajada. Me dijeron que intentase descansar y que al día siguiente comenzaríamos con oxitocina. Mis olas uterinas eran muy intensas y seguidas en el tocógrafo, pero yo sólo sentía presión, nada de dolor.

Esa noche no podía dormir pensando en cómo iría todo y escuché el audio del curso, que me ayudó mucho a relajarme (de hecho hoy en día aún me vienen las palabras de Carmen mientras amamanto a mi niña). Otras herramientas que puse en práctica fueron el masaje y para mí el principal durante todo mi parto: la RESPIRACIÓN, fundamental sin duda para mantenerme serena y concentrada.

Por la mañana comenzamos con oxitocina en dosis baja y fueron subiéndola poco a poco. Mi bebé se movía mucho y se perdía la señal del monitor, así que permanecí sentada en la cama. Mis contracciones eran intensas pero sólo sentía presión. Estuve escuchando a ballenas cantando, me vino a visitar mi familia y respiraba, simplemente respiraba y me dejaba llevar. Una vez más, dejé atrás la fantasía de mi mente de un parto a solas con mi pareja y en movimiento y acepté lo que pasaba y me ayudó a disfrutar de ese parto tan poco idílico pero que era MI PARTO.

Tras varias horas de oxitocina y habiendo subido a la dosis que el ginecólogo consideraba máxima, me realizaron otro tacto, y vieron que la inducción fallaba porque había una descompensación cefalopélvica y, aunque mi útero lo estaba dando todo, al no encajarse la niña no dilataba. Seguía de 1 cm. Tras hablarlo, me propusieron cesárea y acepté, pues pensé que era la mejor decisión en mi caso. En el quirófano, intenté concentrarme en respirar y visualizar a mi pequeña, a la que llevaba tanto tiempo imaginando ¡La iba a conocer por fin! Durante la administración de la epidural, respiré una vez más y hasta me felicitaron por lo quieta que estaba. Parece increíble pero estaba calmada, y sólo me apenaba no tener a mi pareja al lado. Todo el personal me trató con un cariño increíble y siempre les estaré agradecida. Y de pronto, ese momento en el que tú cerebro hace click para siempre, oyes el llanto de tu bebé y sabes que lo ha logrado, que lo habéis logrado. Ese instante te enseña lo contradictoria que es la maternidad: sentí la alegría más inmensa y el vacío más asolador, por fin te iba a ver la carita, pero para ello, tenías que salir ahí fuera, ya no sería tu respiración, tu cuevita, tu alimento sin saber lo que es el hambre ni la sed, el frío, el calor el dolor… Yo sólo lloraba, sin saber si era alegría o tristeza, ahora sé que pueden ser ambas a la vez. Y por fin me miraste mi vida, me miraste a los ojos, dejaste de llorar y vi en ti a mi familia, te conocía y tú a mí, me veía en tu mirada, ese instante se quedará grabado para siempre en lo más profundo de mi esencia. El piel con piel lo hizo su papi en la habitación rodeado de nuestra familia y yo al subir de reanimación, comencé una lactancia que está siendo exitosa y espero continuar muchos meses más.

Gracias Beatriz por tu relato y por confiar en mí para tu preparación.

Si estás embarazada y quieres saber más sobre qué es el hipnoparto haz click aquí o continúa leyendo testimonios de mamás que han preparado su parto con Parto Positivo.

Si tienes cualquier duda, contacta conmigo por email o por redes sociales.

Carmen

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