El parto en agua de Victoria

11 Mar 2026 | Partos en agua

Disfrutar del parto, es posible

Llevo unos días queriendo compartir mi experiencia de parto en agua por si puede ayudar o motivar a otras mujeres embarazadas.

Como deportista de élite durante muchos años, y madre primeriza, me planteé el parto junto a mi marido y entrenador como una competición más.

Sabíamos que debía prepararme física y mentalmente para un momento tan especial e intenso y así lo hicimos.

Tras un embarazo muy activo y saludable, llegó a la semana 40 y la segunda cita de monitores. Me empiezan a hablar de inducción.

Luego de investigar mucho y leer el libro de hipnoparto, es que vuelvo a confiar en el cuerpo femenino para parir y anulo todo el miedo a ese momento del que tanto nos han hablado negativamente.

Comienzo a leer historias de parto positivas y cambio totalmente mi foco: espero con ganas el momento del parto, para vivir esa experiencia y conocer por fin a nuestro bebé.

Comienza el plan «activar la oxitocina»

El 7 de Octubre por la tarde nos vamos a casa de los abuelos y comienza el plan «activar la oxitocina» – la hormona del amor que ayuda a desencadenar el parto. ¿Cómo? Haciendo ejercicio y riéndome mucho.

Después de una tarde muy feliz e intensa, a las 12:15 de la noche me acuesto convencida de que iba a vivir un día especial y a los 10 minutos comienzan las olas (contracciones).

Me sorprenden un poco e intento dormir sin hacerle mucho caso pero son muy regulares cada 2-3 minutos.

Empiezo a anotarlas en la aplicación y aviso a mi marido. Enseguida comienza a preparar la habitación tal y como habíamos planeado: música y velas.

El objetivo era crear un ambiente de calma y tranquilidad.

Las olas seguían regulares e intensas pero me ayudó a mantener la calma la respiración ascendente, movimientos en fitball y la máquina TENS.

Tras una hora y media sin que cesaran las olas, nos dirigimos al hospital. Al llegar seguía tranquila y muy concentrada en la respiración sin sufrir dolor más que pinchazos en el bajo vientre como una molestia de regla (muy soportable).

Me exploran y ya estaba de 3 cm con el cuello borrado. Me monitorizan para ver que todo iba bien y me confirman que la niña duerme -normal después de la tarde tan intensa que le hemos dado-.

Me preguntan por mi idea de parto y les digo que me gustaría usar la bañera y tener el parto sin epidural.

Estamos de suerte porque en el hospital PTS de Granada solo hay una bañera y estaba libre. Me entran muchas ganas de ir al baño y en ese momento rompo la bolsa. Entonces comienzan a preparar la bañera y tengo que quitarme la TENS ya que no se puede mojar.

Quería probar el agua caliente y si no me hacía el mismo efecto saldría a seguir moviéndome y usando la TENS. Pero al entrar al agua fue una sensación de placer y descanso brutal.

Con cada ola me incorporaba en cuclillas o en cuadrupedia. Cerraba los ojos y solo me centraba en respirar y visualizar a mi bebé con nosotros. En cada descanso me tumbaba y me relajaba como si estuviese en un SPA.

Aprovechaba cada descanso y lo disfrutaba, era como un Interval training de los tantos que había hecho sobre mis esquís de fondo.

Las sensaciones eran indescriptibles

Durante las olas uterinas mi marido me animaba y me masajeaba los lumbares, eso me aliviaba mucho. También el contar con las luces bajas y mi playlist con canciones relajantes y covers instrumentales, alguna me hizo llorar de emoción.

Mi sorpresa vino al llegar la fase del expulsivo. Mi cuerpo empujaba solo sin tener que hacer nada, como algo que no puedes controlar. Con cada empujón involuntario salía un grito de mis entrañas.

Es lo más potente que he vivido nunca.

Estaba sorprendida pero, al mismo tiempo, me gustaba esa sensación. Seguía sin dolor, solo me centraba en la respiración descendente. En ningún momento pensé en cambiar el plan. Sabía que lo estabamos haciendo muy bien y en equipo ¡Cómo siempre! Lo que si sentía era cada vez más presión en los huesos pélvicos.

El expulsivo se me hizo más largo, en especial por los gritos que emitía…eran agotadores. Terminé afónica.

No os he hablado del maravilloso equipo médico, no fue nada invasivo, solo estaban sosteniendo el momento con su mirada apoyados en el borde de la bañera, presenciando el milagro de la vida y diciéndome que escuchara mi cuerpo y que todo iba genial. Fue un equipo perfecto y respetuoso.

De repente, comencé a emitir unos ruidos diferentes. Yo estaba en cuadrupedia, el equipo médico y mi marido se van a la zona de atrás con una linterna. La presión era cada vez mayor. Me dijeron que veían la cabeza y yo estaba alucinando.

Un grito más y ¡Ahí estaba!

A las 5:35 am todos hablando de ella: «vaya ojazos, qué pelo, qué guapa» Yo me quedé paralizada intentando asimilar lo que estaba presenciando, hasta que mi marido se acerca llorando y me dice «ya está aquí, me está mirando desde debajo del agua».

Entonces la matrona me dice «un último empujón» Y yo pensando «¿Pero no ha salido ya?» Solo falta el cuerpo me dicen. Otro grito y ya estaba fuera.

Noté el famoso aro de fuego apenas un segundo, pero muy intenso. Las hormonas estaban a tope, anestesia natural por un tubo. Por fin me di la vuelta, me senté en el agua y me dieron a mi pequeña Olympia. 2.850 gramos de puro amor.

Lo mejor que hemos creado nunca, una experiencia inolvidable y ¡El día más increíble de nuestra vida!

Las ganas de ver a mi bebé hicieron que me precipitase en la última fase del expulsivo, lo que me provoco un desgarro natural de segundo grado, pero la recuperación ha sido muy rápida.

Así que mujeres en estado: no tengáis miedo, confiad, el cuerpo está preparado y sabe lo que tiene que hacer en cada momento.

Dejaros llevar por vuestro instinto femenino y la diosa que llevamos dentro. El parto puede ser una gran experiencia.

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