A veces los relatos de parto llegan con una mezcla de fuerza, heridas y una lucidez que solo aparece cuando una mujer ha tenido la valentía de mirar su experiencia de frente. Éste es uno de esos relatos.
Este testimonio muestra una experiencia poderosa y, a la vez, situaciones claras de violencia obstétrica. En Parto Positivo creemos en compartir relatos reales, sin positividad tóxica, para honrar tanto la fuerza interna de las mujeres como las dificultades que aún existen en muchos entornos clínicos.
La violencia obstétrica nunca es responsabilidad de quien la sufre, sino de quien la ejerce. Es consecuencia de un sistema que debe cambiar.
Aun así, esta madre encontró dentro de sí una enorme fortaleza que hizo posible que, incluso en un contexto hostil, su parto siguiera siendo positivo para ella. Si no te apetece leer un relato donde aparece violencia obstétrica, puedes dejarlo para otro momento. Si sigues, encontrarás un testimonio honesto, lleno de fuerza, poder y valentía.
Izar se preparó con el curso de preparación al parto y el libro de hipnoparto. Su historia es un recordatorio de que la información, la preparación y el acompañamiento importan. Que cuando una mujer comprende su cuerpo y conoce sus opciones, algo profundo se recoloca por dentro.
Ahora sí, te dejamos con su historia:
«He necesitado mucho tiempo para pensar y reflexionar sobre el parto que tuve finalmente, después de prepararme concienzudamente con el libro y curso de Parto Positivo. Lo cierto es que hoy día sé que sufrí violencia obstétrica y que la maldita pandemia mundial me aisló de mi pareja y restó fuerzas a tanto en lo que yo me había empoderado. Aún así, y pese a ello, quiero agradecerte Carmen desde lo más profundo de mi corazón.
Tuve el mejor parto posible para mi bebé y yo, dadas las circunstancias.
Y, de verdad, lo recuerdo con muchísimo orgullo y repetiría todos y cada uno de los pasos que interiormente di porque me sentí salvaje, me sentí leona y parí a mi bebé yo sola. Gracias a mi cuerpo y al amor tan profundo que ya tenía por mi bebé. Todo ello tras 25 horas de parto, de las cuales tan sólo las tres últimas fueron con epidural.
Aunque empecé con contracciones de Braxton Hicks ya en el séptimo mes de embarazo, recuerdo que desde la semana 37 éstas venían siendo mucho más intensas. Mi médico me había alertado que el cuello del útero se había empezado a borrar y era posible que mi bebé no esperase a la semana 40. Lo cierto es que mi bebé esperó a la semana 40+4 para llegar al mundo.
Aquella semana empezó siendo un tanto rara.
Me sentía emocionalmente perdida y ya no podía más. Estaba cansada de tantas falsas alarmas, y deseaba conocer a mi bebé cuanto antes. El martes 22 por la mañana sentía que el día estaba muy cerca. Nunca antes me había sentido de aquella manera.
A eso de las 15 horas, las contracciones empezaron a ser mucho más intensas y ciertamente algo dolorosas. Llevaba días cronometrándolas y, como de costumbre, me puse a anotar los minutos que pasaban entre una y otra, y cuánto duraban. Entonces me di cuenta de que seguían un patrón regular y que aparecían cada 10 minutos.
Aún así, no informé a mi pareja (que trabajaba y ya le había dado falsas alarmas anteriormente) y me senté en la pelota a respirar y escuchar música. Añadí a ese ritual un poquito de aceite esencial de lavanda y fui pasando el día. Mi pareja llegó a casa y al verme la cara, me preguntó si nos acercábamos a urgencias, ya que parecía que el parto estaba en marcha.
Yo me negué, pues ya habíamos estado días antes y la vuelta a casa con el comentario de «Éstas primerizas«, no me invitaba a repetir. A pesar de eso, eran las 23 horas de la noche cuando le pedí ir al hospital, pues las contracciones eran cada 5 minutos.
Había pasado toda la tarde en la pelota, respirando, imaginando cómo mi cuerpo se abría y expandía. No hacía más que imaginarme una margarita abriéndose y a mi bebé trabajando junto a mí para tratar de conocernos pronto. Mi idea era esperar tanto como pudiese en casa y ayudar a mi bebé y mi cuerpo en un entorno tranquilo y seguro.
Al llegar al hospital el tacto decía que tan sólo había dilatado 2 cm y que el cuello del útero no estaba borrado. ¡Sorpresa! Pues mi médico comentaba hacía semanas que estaba más que borrado. A eso sumo el comentario de «Estás de parto pero estás de muy poco y, la verdad, no hay camas. Al hospital debes llegar de 5-6 cm».
Así que volví a casa tras una hora de monitores y, sinceramente, no sé muy bien como pude llegar al coche, pues las olas uterinas se acortaban y aparecían cada 2 minutos. Desde aquél momento y hasta las 6 de la mañana cuando regresamos nuevamente al hospital tras haber pasado toda la noche en casa entre la pelota y la bañera, recuerdo un dolor sordo, extremo.
Recuerdo que me repetía «las olas uterinas no son más fuertes que yo porque son parte de mi»
Y cuánta verdad hay en ese mantra. Porque sí, fue mi mantra y mi refugio durante aquellas largas 25 horas. La respiración fue mi salvación porque, aunque es verdad que el dolor es límite en cada ola uterina, también es gracias a ésto que puedes pasar una tras otra y sobrevivirlas. Quiero insistir, a pesar de las sensaciones, me sentía poderosa, me sentía salvaje, más animal que nunca en toda mi vida. Estaba ayudando a mi bebé a nacer y lo estábamos haciendo juntos. Solos él y yo.
Llegué al hospital y me hicieron pasar a mi sola nuevamente. Tumbada en la cama de un box escuché a una enfermera decirle a otra que ya había estado la pasada noche y que nada más estaba de 2 cm. La enfermera que me hizo el tacto de entonces fue muy dura conmigo. Recuerdo muchísima molestia durante aquél momento. Me calmó saber que ya estaba de 5 cm y su comentario «Te quedas». A partir de ahí… Lamentable.
Comenté que deseaba un parto natural y ser yo quién pidiese la epidural si así lo consideraba finalmente. Su cara: un poema. Su comentario «¿Entonces no quieres epidural? Tienes que decidirlo ahora porque sino luego será tarde.«
¿Tarde? Me preguntaba yo, ¡Si sólo estoy de 5 cm! Añadí que cuando hablaba de la epidural me refería a la walking epidural. Su respuesta esta vez: «Aquí no la ponemos» . Me pidió que me desvistiese y pusiese la bata. Para esto también tuvo algo que decir: «Intenta darte prisa, hay más mujeres embarazadas que esperan para entrar». No fui capaz de responder a eso.
¿De verdad podía alguien tratar así a una mujer embarazada en pleno trabajo de parto? ¡Por favor! Las contracciones eran cada 2 minutos y muy, muy intensas. Me pidió que me mantuviese tumbada, pues aún tenían que realizarme un PCR ¡Maldito virus! Pensé. Fue un momento horrible. Aquella enfermera hurgando mi nariz mientras mi cuerpo se partía segundo a segundo.
Por fin me pasaron a una sala de dilatación y permitieron que mi pareja me acompañase. Le comenté que no ofrecían la walking epidural y alucinó tanto o más que yo. Entonces apareció la matrona que iba a acompañarme.
Comenté con ella mi deseo de tener un parto natural y de administrar epidural solo si yo lo consideraba. Comentó que ok. Entonces pensé que había sido un episodio aislado lo de aquella enfermera. Lamentablemente fue a ponerme monitores y éstos no eran inalámbricos. Los pedí y comentó que no contaban con ellos. El resultado: desde las 6 horas que ingresé hasta las 13 horas, tumbada y sin dilatar un solo centímetro más. El latido de mi bebé, además, se ralentizaba pues ya llevaba muchas horas empujando según me comentaron.
Durante ese tiempo pedimos que me dejaran mover y solo tuve oportunidad de andar unos minutos, ya que después tuve que volver a monitores porque el latido del bebé era fundamental. Mi desesperación era tal que le comenté a mi pareja la necesidad de ponerme epidural. Ahora sí que, de verdad, ¡Ya no podía más!
Esto serían las 12 horas y hasta las 13 horas no me la pudieron poner pues había una cesárea de urgencias y el añadido: «Claro, es que habías pedido un parto natural, ahora vas última». Mientras tanto mi pareja trataba de consolarme, de cuidarme, me puso varios audios de mis familiares dándome ánimos. Lloré cómo una enana.
Llegado el momento de la epidural, pidieron a mi pareja que saliese de la habitación. Temía ponérmela, ya que aquello de no moverme mientras mi cuerpo se contraía, fue realmente difícil. Por lo menos me felicitaron: «Respiras muy bien, no eres primeriza ¿Verdad?» Dale las gracias a Carmen, pensé por dentro. Estaba cansada de tantos comentarios absurdos.
Desde aquel momento, me administraron oxitocina y rompieron la bolsa, siempre supervisando el latido del bebé, ya que seguía sufriendo. Mi pareja paró a la matrona y preguntó el porqué de la administración de oxitocina y el porqué romperme la bolsa. Reconozco que yo había entrado en un estado de dejarme hacer impropio en mi y contrario a mi voluntad, pero estaba completamente exhausta. Ella explicó ambas cuestiones y mi pareja me dijo, ¿Estás de acuerdo, cariño? Yo asentí y entonces continuó adelante, la enfermera.
Cerca de las 15 horas me realizó de nuevo un tacto y ¡Sorpresa! Estaba de 9 cm. Mi médico en camino y yo a punto de conocer a Noah. Me llevaron a la sala de partos y tras veinte minutos empujando de la manera más animal y salvaje, dando todo de mi y visualizando la salida de mi bebé, tras tocar su cabecita una vez había coronado, salió el bebé más bonito que mis ojos hayan visto jamás, ¡Estaba bien y estaba conmigo! Al fin.
Aquellas 25 horas quedaron guardadas en mi corazón para siempre y sólo tuve amor y tiempo para mi bebé.
Quiero darte las gracias Carmen por todo lo que me permitiste aprender y por el poder que tienes de empoderarnos a las mujeres. Ojalá existan muchas más personas como tú y ojalá llegue el momento en el que se ponga fin a la violencia obstétrica.
Mis heridas aún hoy día duelen, pero soy consciente de las circunstancias y de que si la vida me brinda una segunda maravillosa oportunidad de crear vida, esta lección la llevo aprendida. Aún así, recuerdo mi parto de manera positiva y desde entonces amo todo lo que soy y todo lo que fui al dar a luz a mi bebé. Me sentí más leona que nunca y eso no me lo podrá quitar nadie.
Gracias con el alma, Carmen. Un abrazo muy fuerte.»
Si estás embarazada y quieres prepararte para vivir tu parto con calma, herramientas y seguridad, te recomendamos el Curso de Preparación al Parto con Hipnoparto que ya han elegimos miles de familas en todo el mundo.
0 comentarios